domingo, 10 de julio de 2011

pater noster


La tristeza me viene cuando no tengo otra cosa qué abrazar, cuando viene la vida con golpes que amoretonan la cara y el alma, que atraviesan directamente a donde quiera que se guarde el sentir, esta vez me dolió en el pecho, como hierro errante que encontró un sitio a centímetros del corazón.
La culpa, la vergüenza por no ser lo que es necesario ser para validarse ante sí mismo y ante él.
Yo lo juzgo y me apena. Lo juzgo y tengo la esperanza de verlo diferente, él mismo pero diferente, verme siendo el mismo pero abrazable, querido, besado, amado, sentido, siendo yo mismo, que amo y siento y sangro y me duelo y lloro, sí, lloro.

martes, 5 de julio de 2011

noche

Las paredes no contienen los ruidos, los remedan.
La maldita ninfa juega por las noches haciéndonos desear el alba.
No quiero que amanezca, quiero que se calle.
Quiero dormir y quiero el silencio inquietante que pertenece a la noche.


Todo le pertenece a la noche:
mi cama, tu cama,
el respirar pesado de mamá,
el olor a muerto en el patio,
el perro, la luna,

el tren que pasa a las dos...
el tren.


La noche no quiere ni necesita nada,
pero se lo damos todo,

todos,
todo el tiempo.

sábado, 23 de abril de 2011

Di sólo una vez

Di sólo una vez,
Para que pueda dormir,
Di que me quieres.

Domingo

Gente que va y viene y pregunta pero no compra, señoras con una hilera de tlacuaches anudados uno con otro gracias a la cola-rebozo de su madre, señores ensombrerados, presumiendo machete, bota, y bigote nuevos marcha delante de la mujer tlacuache y sus tlacuachitos. De vez en cuando los señores ensombrerados voltean brevemente hacia atrás y ofrecen comprarles una orden de cinco enchiladas y un vaso de horchata con la condición de que no se peleen y compartan. Los veinte tlacuachitos asienten o ni se enteran y se forma la fila a un lado del comal chisporroteante siguiendo con cuarenta ojillos lagañosos cada uno de los movimientos de la enchiladora. La mujer tlacuache tal vez tenga suerte y reciba una cola-reboso nueva. Seguramente será sólo un trago de pulque preparado con refresco de grosella. Después, el señor ensombrerado los dejará sentados en alguna banca de algún parque y se irá a gastar lo que no pudo con otro tipo de roedores más merecedores y merecedoras de sus centavos.

Caerá la noche y la señora tlacuache mandará al tlacuachito más desarrollado a sacar a su padre del refugio de roedores. A la señora tlacuache sólo le quedan diecinueve. Mandará un segundo tlacuachito y este volverá arañado de la cara y la poca camisa rasgada, pero traerá a su padre que ha perdido el machete, las botas y el bigote nuevos. Caminará tambaleante, golpeará a la hilera de tlacuachitos y a su mujer, y caerá al suelo incapaz de ponerse en pie. La madre tlacuache indica a los tlacuachitos lo que hay que hacer, manda a un grupo en busca de su hermano, entre cuatro más levantarán a su padre, el más pequeño traerá el sombrero y ella, guiará a la manada de regreso a casa mientras se limpia la nariz sangrante con la orilla de sus enaguas, las enaguas de domingo, y se persignan al pasar frente a la iglesia del apóstol san Pedro que recibe veintidós cruces de un solo golpe.

sábado, 2 de abril de 2011

Bucéfalo

Bucéfalo.

(Del gr. Βουκέφαλος, nombre del caballo de Alejandro Magno, que nadie, salvo él, podía montar).

1. m. coloq. Hombre rudo, estúpido, incapaz.


http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&TIPO_BUS=3&LEMA=buc%E9falo


Mi reino por un orgasmo

Mi reino por un orgasmo,
aunque sea fingido.
Que venga desde dentro el engaño,
desde la voz ronca de la mentira atroz
para lo que sirve,
para lo que dura.

Mi reino por un trago de vino,
agrio.
Un beso de puta servido en copa alta,
en una con bordes manchados.
Labial rojo fuego, rojo manzana, rojo pasión,
rojo rojo.

Mi reino por una canción de cuna,
la de las monjas.
Una canción para el descanso
(eterno de fuego y sombras) de las almas,
para el alivio de los pecados
del padre, del hijo y del espíritu santo.

lunes, 17 de enero de 2011

Ronquidos

En el fondo los ronquidos, que comienzan siempre sordos y pausados, como un susurro, para convertirse en dolorosos gemidos altidecivélicos que rasgan la corteza de mi tímpano. Soy el único que encuentra molestia en ese sonido. Soy el único que, aparentemente, logra escucharlo.
     Que tome leche caliente, o un trago de agua, mejor: ¡que se ahogue con leche o con un trago de agua!; que beba café, unas doscientas tazas; que no duerma, hasta que sus neuronas se pongan en huelga, hasta que lo tengan que llevar a una clínica de sueño; que lo sobremediquen para que muera durmiendo, no roncando.