sábado, 23 de abril de 2011

Domingo

Gente que va y viene y pregunta pero no compra, señoras con una hilera de tlacuaches anudados uno con otro gracias a la cola-rebozo de su madre, señores ensombrerados, presumiendo machete, bota, y bigote nuevos marcha delante de la mujer tlacuache y sus tlacuachitos. De vez en cuando los señores ensombrerados voltean brevemente hacia atrás y ofrecen comprarles una orden de cinco enchiladas y un vaso de horchata con la condición de que no se peleen y compartan. Los veinte tlacuachitos asienten o ni se enteran y se forma la fila a un lado del comal chisporroteante siguiendo con cuarenta ojillos lagañosos cada uno de los movimientos de la enchiladora. La mujer tlacuache tal vez tenga suerte y reciba una cola-reboso nueva. Seguramente será sólo un trago de pulque preparado con refresco de grosella. Después, el señor ensombrerado los dejará sentados en alguna banca de algún parque y se irá a gastar lo que no pudo con otro tipo de roedores más merecedores y merecedoras de sus centavos.

Caerá la noche y la señora tlacuache mandará al tlacuachito más desarrollado a sacar a su padre del refugio de roedores. A la señora tlacuache sólo le quedan diecinueve. Mandará un segundo tlacuachito y este volverá arañado de la cara y la poca camisa rasgada, pero traerá a su padre que ha perdido el machete, las botas y el bigote nuevos. Caminará tambaleante, golpeará a la hilera de tlacuachitos y a su mujer, y caerá al suelo incapaz de ponerse en pie. La madre tlacuache indica a los tlacuachitos lo que hay que hacer, manda a un grupo en busca de su hermano, entre cuatro más levantarán a su padre, el más pequeño traerá el sombrero y ella, guiará a la manada de regreso a casa mientras se limpia la nariz sangrante con la orilla de sus enaguas, las enaguas de domingo, y se persignan al pasar frente a la iglesia del apóstol san Pedro que recibe veintidós cruces de un solo golpe.

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy chido "señor tlacuache", me encantó, siempre me ha gustado lo que escribes.