Gente que va y viene y pregunta
pero no compra, señoras con una hilera de tlacuaches anudados uno con otro
gracias a la cola-rebozo de su madre, señores ensombrerados, presumiendo
machete, bota, y bigote nuevos marcha delante de la mujer tlacuache y sus
tlacuachitos. De vez en cuando los señores ensombrerados voltean brevemente
hacia atrás y ofrecen comprarles una orden de cinco enchiladas y un vaso de
horchata con la condición de que no se peleen y compartan. Los veinte
tlacuachitos asienten o ni se enteran y se forma la fila a un lado del comal chisporroteante
siguiendo con cuarenta ojillos lagañosos cada uno de los movimientos de la
enchiladora. La mujer tlacuache tal vez tenga suerte y reciba una cola-reboso
nueva. Seguramente será sólo un trago de pulque preparado con refresco de grosella.
Después, el señor ensombrerado los dejará sentados en alguna banca de algún
parque y se irá a gastar lo que no pudo con otro tipo de roedores más
merecedores y merecedoras de sus centavos.
Caerá la noche
y la señora tlacuache mandará al tlacuachito más desarrollado a sacar a su
padre del refugio de roedores. A la señora tlacuache sólo le quedan diecinueve.
Mandará un segundo tlacuachito y este volverá arañado de la cara y la poca
camisa rasgada, pero traerá a su padre que ha perdido el machete, las botas y el
bigote nuevos. Caminará tambaleante, golpeará a la hilera de tlacuachitos y a
su mujer, y caerá al suelo incapaz de ponerse en pie. La madre tlacuache indica
a los tlacuachitos lo que hay que hacer, manda a un grupo en busca de su
hermano, entre cuatro más levantarán a su padre, el más pequeño traerá el
sombrero y ella, guiará a la manada de regreso a casa mientras se limpia la
nariz sangrante con la orilla de sus enaguas, las enaguas de domingo, y se
persignan al pasar frente a la iglesia del apóstol san Pedro que recibe
veintidós cruces de un solo golpe.
1 comentario:
Muy chido "señor tlacuache", me encantó, siempre me ha gustado lo que escribes.
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