Las paredes no contienen los ruidos, los remedan.
La maldita ninfa juega por las noches haciéndonos desear el alba.
No quiero que amanezca, quiero que se calle.
Quiero dormir y quiero el silencio inquietante que pertenece a la noche.
Todo le pertenece a la noche:
mi cama, tu cama,
el respirar pesado de mamá,
el olor a muerto en el patio,
el perro, la luna,
el tren que pasa a las dos...
el tren.
La noche no quiere ni necesita nada,
pero se lo damos todo,
todos,
todo el tiempo.
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