Como mujer fácil pasó de abrazo en abrazo y cantó entre las piernas de cada hombre y recostóse en cada pecho desabotonado. Suena corriente, suena a puta vestida de pino, o caoba, o cedro, o guayabo, o viruta.
Sabe dos canciones en La menor, tres más en Sol. Quizá sepa cantar un bolero, rancheras quizá. Ninguna marcha, ningún vals, no toca allegros ni polcas; canta ronco, canta sordo, para sí, para adentro, quedito: disculpándose por la falta de talento.
Y de pronto un trago de aguardiente y parece brillar… sólo un momento. A las cuatro vuelve al estuche trayendo dos o tres tostones, la boca rota, las cuerdas flojas, el barníz de las uñas carcomido, el vestido sucio y hambre, como siempre, hambre.
1 comentario:
Me gustó esta entrada (el blog en general tiene un 'toquecito' intelectual; los colores son... non comments jajaja)... el relato tiene cohesión y consigue cierta tensión narrativa...vale, que me gusta... enhorabuena.
Publicar un comentario