miércoles, 20 de enero de 2010

Rabia

Explota, amarillo, rabia; tiempo, hastío. Saciedad benevolente que masculla frasecillas incompletas, como las ideas de la gorda. (¡Puta Menstruación!)
Olor. Lejano. Rabia, rabia, rabia…

Silencio, ¡Bang!

Luego un pitido y un cuerpo que cae al suelo de rodillas, después de bruces; después la sangre y su olor (penetrante, caliente, hirviendo).


Cafetera-pitido. Café, café, café y rabia, los dos hirvientes.
Destroza los dientes rechinantes y dolorosos como la puerta: Putrefacta.
Aliento de anciano destinado al olvido, destinado a una muerte lenta, grotesca y dolorosa.
Rabia, rabia, rabia.

(Perro sarnoso, indescriptiblemente sarnoso)
Se marcan las costillas y las fracturas de las patas. No le queda más que esperar echado, doloroso, gimiendo la muerte y el olor que se anuncia incorruptible: ¡Me come por dentro!


Perro muerto a puntapiés o destazado por otros perros o muerto en la parrilla de algún camión, no importa, está muerto y muerto el perro:
Se acabó la rabia, rabia, rabia…


No.

No muere ni el perro, ni la rabia, ni yo; el olor permanece en la noche cerrada e inerte. Como pretenciosa, como queriendo ocultarse del tiempo y de la luna y de las estrellas fugaces, para hacerse invisible y dormir, porque la noche también duerme… también se echa con las patas fracturadas y las costillas sumidas, también apesta a muerte, a mierda, a rabia, a rabia, a rabia principalmente.

La noche odia, aún con las estrellas sonrientes. A ellas también las odia, odia ser noche y oscura y secreta y silente y rabiosa y boca arriba. Y si muere en la noche, la noche, de noche, con las estrellas riéndose y dejando ver su lado oscuro, no brillante, no contento, perverso, malvado, maldito. ¡Pervertido mirar de estrellas luminosas y rabiosas!


He pensado que son como un millar de ojos alertas a todo movimiento, que son los ojos fastidiados de un enorme gusano que lo ve, lo escucha y lo engulle todo. Sin nombre y sin pretensiones de uno, sin querer tributos, sin exigir sacrificios más allá de las eses, porque las eses nos recuerdan que estamos vivos y que tragamos y respiramos y estamos llenos de nada, de materia fecal, de materia inerte que obstruye el intestino y el cerebro. Cisticercosis.


Puercos muertos a puntapiés, con un marronazo en la cabeza, desangrándose, degollados; péndulos de carne molida a palos, hirviente en sangre, en ira, en llanto. Ahogo en sangre, sin sed de sangre, sin sed, sin rabia… porque no podemos morir odiando, aunque estemos abiertos en canal y circulemos con las patas al aire, aunque estemos colgados de cabeza, vacíos de vísceras y pensamiento, porque aún la colectividad de marranos muertos, la sociedad de hombres degollados, de hombres rabiosos e inertes, vacíos doloridos, sin voz… silentes, se desangran como reses, o perros con las costillas sumidas, las patas fracturadas, el cuello abierto de un tajo por otro perro con las costillas hundidas y las patas fracturadas que se duele, que se lamenta haber peleado con un perro negro como la noche que se pone rígido, con los ojos abiertos y fijos en el cielo rabioso (el cielo) y el perro muere también dolorido, arrepentido y consciente de su interior atascado de mierda y de rabia, rabia, rabia…










2 comentarios:

Graciela dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Graciela dijo...
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