Entrecierra los ojos para alcanzar a leer, se reacomoda los lentes. Acerca las hojas a los ojos, aleja las hojas de los ojos. Suspira. Se arranca las gafas, se frota furiosamente las sienes, la frente, los párpados, la nuca. Avienta todo sobre el escritorio, arroja al suelo todo lo que estaba sobre el escritorio. Grita. Maldice. Intenta volcar el escritorio. Reacciona a tiempo, se detiene. Se incorpora. Seca el sudor de su rostro. Se sienta. Se levanta. Levanta las ojas. Las acerca a los ojos. Las aleja de los ojos. Busca sus lentes. Los limpia. Los coloca sobre su nariz. Sólo tienen una pata, pero una pata basta para que se sostengan. Se vuelve a sentar. Vuelve los ojos sobre las hojas, repasa cada línea, cada palabra. De nuevo siente que lanza espuma por la boca. La boca se seca. Aprieta los dientes, contiene la respiración, vuelve a quitarse los anteojos. Suspira. Coloca lentamente las arrugadas hojas sobre el escritorio despejado. Una errata. Una errata. Una errata que no vieron sus ojos y que después detectaron al vuelo, y después dudaron y se nublaron y enrojecieron.
viernes, 20 de marzo de 2020
H
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3 comentarios:
La vida me da anciedad.
s >:(
ohh, está buenoo
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