lunes, 23 de enero de 2017

Virgencita plis

Nahúm Andrés González Montoya

Suplicante juntaba sus manos,
Y eran mexicanos, y eran mexicanos,
Eran mexicanos su porte y su faz[1].



Estudios van y vienen, debaten y refutan el llamado “milagro guadalupano”. En este espacio no sucederá una revelación en torno al tema, lo bordearemos por salud mental y porque no compete a los objetivos, que son localizar, mediante la comparación de las imágenes, los rasgos que identifican tanto a la Virgen de Guadalupe como a la Virgencita (un personaje caricaturesco que se ha comercializado rápida y efectivamente), cuáles se corresponden y por qué el efecto que provocan no es igual (aunque parece una respuesta obvia) si se trata de un mismo personaje.
Básicamente me centraré en definir a una y otra pero desde el conocimiento que tiene la sociedad, o un grupo social, de ellas; sin recurrir a bibliografía especializada; todo saldrá de la representación mental y de la memoria colectiva. Para conseguir esta supuesta definición utilizaré herramientas como la entrevista o las encuestas, separando previamente los semas atribuibles tanto a la Virgencita de Distroller como a la Virgen de Guadalupe.
La Virgen de Guadalupe es sin duda una de las figuras más veneradas por los mexicanos, y también una de las que más fronteras ha superado, tanto internacionales como generacionales. Se esparció hacia Centro y Sudamérica, hacia el país del norte por la obviedad de la migración y desde hace unos años ha tomado rumbos asiáticos, aunque con fines diferentes a la fe.
Según el mito que todo cristiano católico mexicano debería saber, cuenta que la primera aparición de este personaje ocurrió en el cerro de Tepeyac, frente a un público selecto e inigualable: san Juan Diego, quien en ese momento no era santo. Tenía en su herencia sólo el calzón que llevaba puesto y un ayate que probablemente era prestado; no poseía ni credibilidad ni fortuna. Era el elegido.
Esto consta en cualquier libro de catecismo, que no voy citar porque el objetivo de este trabajo es apostarle a la tradición oral, al rollo de la “generación en generación”.
La primera petición que la Virgen de Guadalupe hizo a Juan fue que convenciera a la gente de construir un templo en su honor en ese lugar y dar testimonio de lo que ante él se revelaba.
Obviamente las palabras de Juan Diego no fueron suficientes y entonces la Morena (no la de López Obrador, sino la virgen) tuvo que darle una prueba: le indicó que recolectara en su ayate unas rosas que milagrosamente florecieron durante el invierno y que las llevara ante fray Juan de Zumárraga (en aquél entonces ostentaba un cargo importante en la Nueva España). Para sorpresa de los incrédulos, en el lienzo de Juan Diego se manifestó la imagen que actualmente adoran los creyentes como su patrona.
Hasta ahí las clases ateo-históricas. Lo cierto es que la relación amor/odio o mejor dicho conveniencia/fe permitió que el personaje mezclara parte del nuevo y el viejo mundo y se creara así una especie de amalgama que después se convirtiera en estandarte de los mexicanos durante el grito de Independencia. Realmente es este mito, el que Miguel Hidalgo y Costilla empuñó la imagen de la Virgen de Guadalupe y convocó al pueblo a pelear por “su libertad”, por lo que ahora el mexicano promedio siente un especial apego a esta santa.
Dato curioso es que también esté ligada a prácticas no tan apegadas a la religión católica, es más, está estrechamente ligada a actos vandálicos y violentos y a veces es usada como protectora de las pandillas, es el caso de los Maras Salvatruchas, cuyos integrantes tatúan su cuerpo con representaciones de la Virgen de Guadalupe.
Con un panorama inmejorable, porque esto es lo que sabe la gente, además de los cánticos y lo relacionado directamente con la fe, como la celebración del 12 de diciembre, aparece la cara de la otra virgen, la comercial (un tanto injusto el comentario porque parte del mito/realidad, mercadotecnia/negocio/fe/gandayez, dice que actualmente los derechos de la imagen de la Virgen de Guadalupe los tienen los chinos, y que el Himno Nacional Mexicano pertenece a Estados Unidos, (¿qué nos queda entonces?), la que penetra en capas que parecían impermeables.
Amparín (como se hace llamar la accionista mayoritaria de la cadena comercial y dueña de la marca Distroller y todos los monigotes de la vendimia) logró superar el uso como estandarte que se le dio a la Virgen de Guadalupe, rescató los semas más sobresalientes de la imagen y creó la “propia”, caricaturizada. Realmente no hizo más allá que lo que hacen artesanos, marmoleros o alfareros que tallan el bulto para una lápida o para la fuente de algún hogar católico, porque ellos mismos, sin saber absolutamente nada de mercadotecnia ni semiótica, pueden identificar los rasgos más sobresalientes, como la corona, el manto, las estrellas, las manos juntas, el ángel que la sostiene, las rosas, el halo brillante… y a veces alternan entre cuernos y luna menguante, aquella extraña pieza a los pies de la Señora.
La diferencia radica, primordialmente, en a quién está dirigido el mensaje. Según mi investigación de campo (recordemos que mis fuentes son igual de confiables que la Wikipedia, por lo tanto las valido ante ambas virgencitas) el principal mercado de la Virgencita son las niñas de 10 a 15 años y las mujeres de 20 a 40. Esto porque apela a las emociones y sentimientos, según encuestas realizadas a un grupo de cerca de 30 ­­personas de entre 10 y 45 años. Al ser un producto comercial, desincretizado, desacralizado, puede llegar a un mayor público.
La correspondencia entre ambos personajes es evidente, y a pesar de que la relevancia es desigual, ambas son reconocidas por los compradores, sean o no creyentes, quienes saben que una hace referencia a la otra, aunque sin sospechar que entonces se convierte en una representación de la representación de una aparición que no es estrictamente real, porque está basada en un mito religioso.
Finalmente saben que la Virgencita es la Virgen de Guadalupe, y la compran y la regalan y la usan, pero distinto. Saben que la convención designa un lugar (iglesia, templo, capilla) para la Guadalupana, que hay rasgos que son necesarios, como la mirada hacia abajo a la izquierda, aunque no lo hagan conscientemente lo reconocen; también saben realizar una plegaria, una oración, y éstas se distinguirán por la seriedad y el sentimiento, nada que comience con “Virgencita plis” o “hazme un favorcito porfis”.
Por qué una mancha de aceite, la marca en un árbol, la humedad en la pared, hasta en un hot cake, son a veces venerados como “apariciones” de la Virgen de Guadalupe, les encienden veladores y construyen un nicho, pero a la de Distroller nadie le reza en serio.
Será la fe, la ignorancia o la imaginación colectiva; será el traje nuevo del rey, es apenas una mancha informe, pero alguien ya le vio la corona, alguien más, el halo. Otros afirman que hasta se le nota el embarazo.
Para tratar de dar respuesta a estas incógnitas se debe indagar directamente en la colectividad, tal vez una encuesta diseñada arroje información acerca de qué rasgos fundamentales de la Patrona aparecen también en la caricatura, y por qué ésta no merece los favores que los creyentes otorgan a la imagen “original”, sin saber que probablemente es china.
A partir de estas respuestas podría continuar con el trabajo, ya con datos confirmados, y hacer un estimado de creyentes/no creyentes/compradores, ya sea por moda o por fe.



[1] De “La Guadalupana” canto mítico popular.

No hay comentarios.: